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Teléfono viejo

Consejos para comunicarse mejor

Teléfono viejo

Seguro que tienes malentendidos con multitud de personas de manera frecuente e incluso recurrente, es algo que asumimos como normal, al fin y al cabo son solo eso, malentendidos.

¿Qué sucede cuando estos malentendidos suceden en la elaboración de un proyecto? Como mínimo que perdemos tiempo, también pueden darse discusiones e incluso peleas. Hay que encontrar soluciones a estos malentendidos, pero todavía más hay que prevenirlos.

¿Has jugado alguna vez al teléfono loco (ese en el que uno le dice una frase a un compañero, el cual se la dice a otro y se forma una cadena hasta que te llega a ti el mensaje que lanzaste, y no se parece en nada)?

Hayas jugado o no seguro que sabes que sin duda alguna esto es lo que pasa siempre, en la vida laboral, no en un juego.

¿Qué podemos hacer para prevenir los malentendidos?

Tenemos muchas opciones, solo voy a comentar algunas, y seguro que otras muchas ni si quiera las conozco.

Para empezar si hablamos de tareas a realizar lo mejor es tenerlas por escrito en una herramienta de trabajo común al equipo, descrita con un mínimo de detalle, con fechas y otros datos que sean necesarios. También está bien poner a quién le toca realizar dicha tarea.

Como siempre estos son los consejos del mal llamado sentido común, al cual me gusta llamar personalmente como “el menos común de los sentidos”.

Realizar reuniones cortas de manera frecuente (diarias, por ejemplo) para refrescar entre todo el equipo lo que está realizando cada uno, si tiene algún problema etc…

Al final en un entorno de trabajo la comunicación oral seguramente va a ser la predominante, por lo que a la hora de comunicar tareas es imprescindible cerciorarse de que la otra persona entiende lo que tú quieres comunicar, para ello no pasa nada por repetirse, y también hablar con un tono correcto y a una velocidad pausada.

Por último hay que destacar que pese a seguir todos estos consejos y muchos más lo fácil va a ser tener malentendidos, eso sí, de manera más aislada o de menos calibre.

 

Foto: Old Telephones and assorted equipment de sgroi(CC BY-NC-SA 2.0)

¿Emprendes? Pues entonces Vendes.

Por Israel Pastor Sánchez

Si estás pensando en emprender, o si ya lo has hecho, ahora te toca vender. Vender para buscar financiación, socios, un equipo que quiera trabajar contigo y, como no, para ganar dinero. Y en esa línea vas a escuchar mucho que debes aportar valor a tu idea, servicio o producto. Es fácil, tú has ideado el proyecto, lo has creado y le has dado forma, nadie mejor que tú lo conoce. ¿Pero qué es realmente aportar valor?

Si pensamos en cómo ha evolucionado el proceso de compra-venta a lo largo del tiempo, éste surge por la necesidad de intercambiar el excedente de lo que una familia era capaz de generar, por otros productos que ella no producía. No era necesaria la figura del vendedor como tal. Sin embargo, la II Guerra Mundial, deja a Europa destruida y despoblada y sin capacidad para comprar, mientras que EEUU tenía un alto excedente que necesita vender. Es en ese momento cuando los empresarios comienzan a contratar personas que vendan visitando a todo posible cliente, con el único objetivo de “vender”. Era lo que llamamos venta agresiva. Debían prospectar, presentar, negociar y cerrar, manejando posibles objeciones.

Pero la saturación de los mercados trae consigo como consecuencia, que el cliente tiene un amplio abanico donde elegir, y puede comparar calidades y precios, eligiendo lo más adecuado a sus expectativas, a lo que añadimos que, hoy por hoy, un comprador ni siquiera necesita de un vendedor, ya no hace falta acudir a un establecimiento comercial para adquirir aquello que quiere, con el añadido de que tiene mucha información a su alcance que le permite descartar unos productos por otros.

Entonces, ¿el problema es realmente que no sabemos presentar nuestro proyecto, o es más bien que no asumimos la responsabilidad por conocer realmente al cliente y ser capaz de descubrir aquello que necesita para traducirlo en un deseo de compra?.

Hablamos del deseo de querer saber cuáles son los gustos, las expectativas, las preferencias de su cliente. Hablamos de intuición, de la capacidad de entender, a través de su forma de expresarse, a través de la comunicación no verbal, los deseos más ocultos para transformarlos en un servicio que el cliente desee volver a compartir con nosotros. Eres emprendedor, tienes que pensar en relaciones de largo plazo, duraderas, en fidelidad. Y esto no se consigue “vendiendo”, se consigue mirando, observando, preguntando y generando complicidad con la otra parte, sea quien sea. Tenemos que satisfacer “sus expectativas”, no las nuestras.

Y el proceso de comunicación entre el cliente y nosotros va, incluso, más allá del arte de preguntar. Cada persona usamos un canal de comunicación diferente, y es muy sencillo distorsionarlo, fracasando en el proceso de venta. Cuando un posible comprador te dice “este coche podría interesarme a primera vista”, su canal de comunicación es visual. Si el vendedor le responde “¿qué es exactamente lo que le han contado de él?” está usando un canal diferente, el auditivo, y el entendimiento no será posible.

El proceso de venta ha evolucionado, ¿evolucionas con él?