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Triunfar y vender, el camino

Triunfar y vender, el camino

Triunfar y vender, el camino

A Facebook no le bastaba con bajarse la aplicación de Instagram, tenía que comprarlo, así que con un poco de calderilla… mil millones de dólares, calderilla. Sin duda se puede decir que el caso de Instagram ha sido un gran éxito.

Pero… ¿es la única forma de triunfar? Hasta donde yo sé hace un par de semanas ya se consideraba a Instagram todo un éxito. Y dudo que sea el único camino, tenemos ejemplos como el de Dropbox, quienes rechazaron una oferta por parte de Apple en su día.

Otro ejemplo de éxito más cercano, y además muy reciente, es el de toprural que ha sido adquirida por HomeAway. No son mil millones, pero creo que la mayoría vería con bueno ojos los catorce millones por los que se ha cerrado la operación.

Bien, llega el momento de poner sobre la mesa el debate, ¿debe ser nuestro objetivo la venta de la empresa? ¿es la única forma de triunfar? ¿sin venta no hay éxito? 

Sin duda cada cual tendrá su propia opinión, sus propios objetivos cuando crea un proyecto.

Personalmente creo que directamente no lo veo como algo a considerar cuando uno empieza un nuevo proyecto (salvo que el mismo sea de corta duración), lo que uno tiene que pensar es cómo lo va a hacer para llegar al máximo.

Cuando llegue el momento ya escucharás ofertas o no, pero lanzarse con ese objetivo en mente… no creo que marque realmente diferencias.

P.D: Si quieres saber más sobre la compra de toprural puedes empezar por su propio blog.

 

Foto: Money por 401K(CC BY-SA 2.0)

¿Emprendes? Pues entonces Vendes.

Por Israel Pastor Sánchez

Si estás pensando en emprender, o si ya lo has hecho, ahora te toca vender. Vender para buscar financiación, socios, un equipo que quiera trabajar contigo y, como no, para ganar dinero. Y en esa línea vas a escuchar mucho que debes aportar valor a tu idea, servicio o producto. Es fácil, tú has ideado el proyecto, lo has creado y le has dado forma, nadie mejor que tú lo conoce. ¿Pero qué es realmente aportar valor?

Si pensamos en cómo ha evolucionado el proceso de compra-venta a lo largo del tiempo, éste surge por la necesidad de intercambiar el excedente de lo que una familia era capaz de generar, por otros productos que ella no producía. No era necesaria la figura del vendedor como tal. Sin embargo, la II Guerra Mundial, deja a Europa destruida y despoblada y sin capacidad para comprar, mientras que EEUU tenía un alto excedente que necesita vender. Es en ese momento cuando los empresarios comienzan a contratar personas que vendan visitando a todo posible cliente, con el único objetivo de “vender”. Era lo que llamamos venta agresiva. Debían prospectar, presentar, negociar y cerrar, manejando posibles objeciones.

Pero la saturación de los mercados trae consigo como consecuencia, que el cliente tiene un amplio abanico donde elegir, y puede comparar calidades y precios, eligiendo lo más adecuado a sus expectativas, a lo que añadimos que, hoy por hoy, un comprador ni siquiera necesita de un vendedor, ya no hace falta acudir a un establecimiento comercial para adquirir aquello que quiere, con el añadido de que tiene mucha información a su alcance que le permite descartar unos productos por otros.

Entonces, ¿el problema es realmente que no sabemos presentar nuestro proyecto, o es más bien que no asumimos la responsabilidad por conocer realmente al cliente y ser capaz de descubrir aquello que necesita para traducirlo en un deseo de compra?.

Hablamos del deseo de querer saber cuáles son los gustos, las expectativas, las preferencias de su cliente. Hablamos de intuición, de la capacidad de entender, a través de su forma de expresarse, a través de la comunicación no verbal, los deseos más ocultos para transformarlos en un servicio que el cliente desee volver a compartir con nosotros. Eres emprendedor, tienes que pensar en relaciones de largo plazo, duraderas, en fidelidad. Y esto no se consigue “vendiendo”, se consigue mirando, observando, preguntando y generando complicidad con la otra parte, sea quien sea. Tenemos que satisfacer “sus expectativas”, no las nuestras.

Y el proceso de comunicación entre el cliente y nosotros va, incluso, más allá del arte de preguntar. Cada persona usamos un canal de comunicación diferente, y es muy sencillo distorsionarlo, fracasando en el proceso de venta. Cuando un posible comprador te dice “este coche podría interesarme a primera vista”, su canal de comunicación es visual. Si el vendedor le responde “¿qué es exactamente lo que le han contado de él?” está usando un canal diferente, el auditivo, y el entendimiento no será posible.

El proceso de venta ha evolucionado, ¿evolucionas con él?