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Aprender es fundamental, divertirse lo es más

Aprender es fundamental, divertirse lo es más

Aprender es fundamental, divertirse lo es más

Hay que estudiar, aprender, formarse, sacarse el graduado, titularse, licenciarse, doctorarse, sacar un master y mil MBA’s…

Estoy cada vez más cansado de lo absurdo que es intentar enseñar conocimientos a una persona que no los quiere, para aprender hay que querer aprender, y el que enseña también tiene que querer enseñar.

Por mi experiencia puedo decir que no suelen cumplirse ambas condiciones casi nunca, ¿cómo vamos a aprender así?

Creo que este es un problema muy grande, la mayoría siempre defiende que hay que aprender esto y lo otro aunque sea aburrido, simplemente “porque hay que saber de todo”. No, no y no.

Las personas de a pie se pasan la vida siguiendo los caminos que marcan la sociedad, todos conocéis cuales son normalmente. Sin embargo es muy difícil encontrar a personas de éxito que hayan seguido dichos pasos, lo normal es que hayan hecho algo diferente, se hayan arriesgado, y seguramente lo hicieron por diversión.

Si llevamos este problema global a nuestro país todo se acentúa, la titulitis  es un mal que habría que estirpar de España. Y no es por nada, pero muchos de los dueños de las empresas españolas no tienen formación universitaria, “eran otros tiempos” he escuchado más de una vez, “quizás” respondo yo.

Volviendo a la raíz del asunto quiero destacar que a las personas les gusta hacer mil cosas, y cada persona es distinta. ¿Cómo vamos a sacar el potencial de cada uno si el sistema es igual para todos? En mi opinión es simplemente imposible.

La motivación es fundamental, y en el sistema actual de aprendizaje tradicional la única motivación es un título y las notas por trabajos absurdos, exámenes que no valoran conocimiento alguno y mil y una cosas malas.

Pero como aprender es fundamental hay que tirarse a la piscina, pasar de los caudales marcados e ir uno por su cuenta. Lo peor viene cuando realmente aprendes en poco tiempo más que en años de tortuosa carrera.

Recuerda, divertirse es primordial.

 

 

Foto: FUN por chooyutshing(CC BY-NC-SA 2.0)

Estimar, tener un ojo de halcón

Estimar, tener un ojo de halcón

Estimar, tener un ojo de halcón

¿Has oído antes la palabra estimación? Estimar, o dicho de una manera un poco más coloquial, tener buen ojo, puede ser una tarea crucial dentro de tu proyecto en muchos sentidos. La estimación consiste en decidir, a priori, cuanto  nos va a costar realizar una tarea. Es decir, cuanto tiempo tenemos que invertir, o cuanto dinero tenemos que invertir, para que la tarea se realice con éxito. Por la definición parece sencillo, pero en realidad nunca lo es, y más si estamos hablando de ideas innovadoras basadas en el uso de internet.

¿Por qué estimar es tan importante? Si vas a desarrollar una nueva idea, ya sea un producto o un servicio, es muy importante que sepas cuanto tiempo vas a tardar y que te va a costar tu tarea:

  • “Pizza gratis si tarda más de 1 hora en llegar”. ¿Realmente puedes tardar menos de una hora? Si no estimas bien lo que le dices a tu cliente potencial, y te retrasas, vas a dejar una mala imagen de tu empresa.
  • “La página web estará para marzo”,  ¿Y si hay retrasos? Es posible que en la previsión inicial no tengas en cuenta todas las cosas que necesitas hacer, es muy común que nuevas tareas aparezcan durante el desarrollo. Si tu cliente es otra empresa, corres el peligro al retrasarte no necesiten ya tu producto y pierdas el trabajo.
  • “La terraza necesita una cierta cantidad de materiales que cuestan tanto dinero”. ¿Y si te quedas corto? Tendrás que pagar la diferencia de tu bolsillo.
  • “La planificación dice que funalito acabará la tarea en 1oh” ¿Y si termina antes? Estarás pagandole horas de más a funalito.
  • “En función del plan de empresa nuestro producto costará tanto y venderemos una cierta cantidad a la semana”. ¿Te da tiempo a generar las unidades necesarias para vender? ¿El precio es mayor que el coste del producto?

¿Os he convencido?  La tarea de estimar es crítica, y queramos o no nos vamos a enfrentar a ella. Si vamos a comenzar un nuevo proyecto es importante que seamos expertos en esta tarea, o tengamos al experto en nómina, ya que la mejor estimación viene en tu experiencia en los proyectos similares que hayas realizado.  Para apoyar la estimación y conseguir que sea lo más precisa posible normalmente nos solemos basar en datos de las personas que realizan el mismo tipo de actividades.  Este es uno de los propositos principales del plan de empresa, dentro del apartado del estudio de marketing. Analizar la competencia nos permite tener una visión global de que cosas se están haciendo, cuanto tardan en tiempo y que coste tienen. Cuanto más cuidadoso sea el análisis información más precisa tendremos, pero la verdad es que en muchos casos  es difícil tener acceso a toda esta información. Otras técnicas intentan analizar de manera individual todas las subtareas que componen la tarea (algo más pequeño es más fácil de estimar) y sumar el total, pero si no conocemos bien, como en el ejemplo de la página web, todas las tareas que hay que hacer, la estimación no será correcta.

Al final una estimación es un numerito que refleja el coste, tiempo, o esfuerzo de realizar la tarea. Pero no deja de ser una estimación, y puede estar sujeta a errores, aunque si somos buenos estimadores habremos estimado el error en la estimación. O dicho de manera más sencilla, añadido un margen de error.

La experiencia, como se ha podido entender antes, no viene de las veces que hayas estimado anteriormente, o no únicamente. Es importante coger toda esta información y guardarla en algún lado, (como puede hacer el plan de empresa), para que luego podamos comparar la estimación inicial con la realidad de la tarea. Y va a ser esta diferencia la que nos dará la experiencia necesaria para mejorar en nuestras estimaciones.

Si hasta ahora no habías oído hablar nada de esto, será muy interesante que comiences ya a aprender a medir lo que tardas en hacer cada una de las tareas de tu proyecto. Aprender a medir es algo que al principio se hace engorroso, pero es necesario, y cuando te pongas a estimar, verás que la información puede resultarte muy útil.

 

 

Foto: Halcón peregrino – Falco peregrinus por Landahlauts(CC BY-NC-SA 2.0)

Copiar el éxito y aprender del fracaso

Copiar el éxito y aprender del fracaso

Las tres herramientas fundamentales para el desarrollo de cualquier actividad y en cualquier ámbito de nuestra vida son: copiar o seguir modelos que consiguen metas y objetivos que se proponen (copiar el éxito), aprender de los errores en la trayectoria que conducen y persiguen a dichos objetivos (aprender del fracaso), y plantear resoluciones creativas que aporten valor y diferenciación de los procesos comunes para destacar sobre el resto (ser innovador). Exactamente en ese mismo orden. Tan simple como eso y tan difícil a menudo de asimilarlo.

De manera implícita se está hablando de nuestras emociones y sentimientos. Cuando conseguimos lo que queremos y/o necesitamos, poniendo a nuestro servicio los recursos y medios de nuestro entorno (incluyendo nuestras propias habilidades y destrezas personales), satisfacemos nuestra propia imagen como seres capaces. Nuestra conducta se basa en la repetición de patrones y modelos de comportamiento de otras personas, y esto es así desde que nacemos, es inherente a toda especie. No obstante, copiamos absolutamente todo, sin distinguir entre ejercicios óptimos o banales, y la gran mayoría de los resultados no son los esperados. Socialmente, los humanos enfatizamos y reprochamos los errores que alguien comete, para que se dé cuenta de ello, lo recuerde y aprenda para evitar cometerlos más adelante. Y sin embargo, quién no ha escuchado la cita:

“El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

 Es cierto, especialmente porque la creciente presión por evitar cometer estos errores, conlleva a aumentar psicológica y progresivamente el miedo a equivocarse. Y el principal enemigo, somos nosotros mismos como bien retrata Jorge Bucay en su libro “Déjame que te cuente” bajo la lección “Autorrechazo”. Resulta paradójico que en el mundo del emprendedor, donde se estima que el 95% de las iniciativas no sobreviven más allá de 5 años, se coloquen en un pedestal los éxitos de ese 5% restante, especialmente del 0,02% en el que surgen figuras como Mark Zuckerberg, Larry Page, Bill Gates o Steve Jobs. Está muy bien copiar el éxito, pero es el camino que menos garantías ofrece. Por poner un ejemplo, una persona no aprende a pintar un cuadro imitando a una impresora, seguramente deberá dedicar muchas horas, realizar muchos ejercicios y sí, seguir copiando formas y estilos de otros que ya tuvieron éxito en su momento, pero principalmente deberá equivocarse en innumerables ocasiones antes, fracasar, y ahí se demuestra su esfuerzo, valor y persistencia, que bien debiera ser reconocido. Aprender a caminar se hace cayéndose muchas veces y buscando cómo levantarse, la experiencia es un grado.

El fracaso no es peyorativo aunque así lo manifestemos continuamente. Es una herramienta clave de aprendizaje, un vehículo que dirige nuestros avances para garantizar cierto éxito consolidado; un bagaje cultural y un talento propio de cada persona. Si estas destrezas se ven compensadas y reconocidas por el entorno, es cuando realmente se fomenta la inquietud innovadora, en el modo en que cada uno perfecciona sus destrezas y las comunica o manifiesta de manera única y personal, para sentirse útil y satisfecho con uno mismo.

En mi opinión, nos será más útil a los emprendedores si recurrimos más a aprender de los fracasos de otros, para poder evitar cometerlos nosotros mismos, que a ensalzar casos de éxito que poco tienen que ver con emprender y esforzarse uno mismo.

En próximos artículos, iré exponiendo problemas, errores y ejemplos que puedan resultaros de auténtica utilidad.

 

Imagen: Mimo Marcel Marceau por cuculain